© Hace mucho, mucho tiempo en
un de la zona norte del país, vivía una familia muy modesta que tenía tres
hijos; dos niños y una niñas (la cual, era la segunda en el orden de
nacimiento).
Su casa era muy modesta, pequeña, con poco espacio, algo
desgastada por el paso de los años; pues
antes de su llegada, una generación
completa había vivido en ella por largos tiempo. Estaba techada de zinc y era
de madera muy vieja, pero esos tres niños eran felices allí con su familia.
- A pesar de todas las imperfecciones que tenia aquella casa, poseía un hermoso jardín, donde se albergaban las más y hermosa flores que podía existir. Todos los días en la mañana la niña, llamada Ana, despertaba a sus dos hermanos; Carlos (su hermano mayor) y Daniel (su hermano menor) tempranito en la mañana para salir al jardín de la casa a jugar, con los primeros rayos del sol.
Al salir al jardín Carlos
se quedaba encantado al ver las pequeñas gotas de agua en las hojas de
las flores, dejadas allí por el rocío de
la mañana, pues decía a sus hermanos que eran gotas de plata, que dejaba caer
el sol. Mientras tanto Daniel que escuchaba atentamente a su hermano mayor, se
pierde tras ver pasar frente a él una
bella mariposa, con hermosas alas color naranja y amarillo, que parecía como si
los mismos ángeles la hubiesen pintado. Corre
de tras de ésta y descubre que en aquel lugar habían montones de
mariposas que juegan una con otras, mientras se posaban de rosa en rosa.
Daniel queda maravillado con tanta hermosura y corre
detrás de ellas para verlas aletear de
un lado a otro.
- Ana muy tranquila y sonriente desde una esquina del jardín, observa detenidamente como cada uno de sus hermanos se sumerge en aquel lugar tan maravillo y callado, cuando de repente escucha un canto muy suave y melodioso de un pájaro que estaba posado en una rama de un árbol de castaño; el cual parecía que le cantaba al mismísimo Dios. En esos momentos piensa que no existe en el mundo entero un lugar mejor que ese. Correr a buscar a sus hermanos para que vean ha aquel pájaro con tan melodioso canto.
Aquel lugar era
como el mismo paraíso, un mundo mágico donde todo era posible para ellos,
corrían, gritaban, jugaban en la tierra, sin parar; su madre que también se
levantaba temprano para hacer el quehacer domestico de la casa y sobre todo a
cuidar de su jardín que era su pasión era feliz al ver a sus hijos correr por
aquel lugar sin parar.
Su madre cada vez que los veía correr y sonreír en ese
lugar, decía para sí “no tengo dinero
para
© En las tardes cuando su
padre llegaba del trabajo, Carlos, Ana y Daniel, les contaban sobre sus
aventuras del día, en aquel lugar tan mágico que se encontraba en el patio de
la casa. Sus padres sonreían de las grandiosas historias que contaban de aquel
fantástico lugar.
A la hora de dormir, siempre querían dormirse pronto,
para que amaneciera y descubrir cual
sería su nueva aventura en aquel lugar tan majestuoso.
Los años poco a poco fueron transcurriendo y Carlos, Ana
y Daniel, Fueron creciendo cada vez más, pero aun a pesar del tiempo
transcurrido, aquel lugar seguía manteniendo aquella magia que los envolvía y
los llevaba a un mundo fantástico donde todo era posible. Era como si volvieran en el tiempo, ha ese lugar
donde nada les preocupaban, donde podían correr libremente entre las flores de aquel jardín y reír a carcajada,
mientras su madre hablaba con las plantas y las cuidaba con tanto cariño.
Ya de aquellos pequeños niños, solo quedan recuerdos; por
que ya crecieron y de aquella casa vieja ya no queda nada, pero aquel jardín a
pesar del tiempo conserva su mágico encanto, guardado como un secreto, para una
nueva generación que desciende de Carlos,
Ana y Daniel, que mientras ellos recuerdan sus años gloriosos en aquel lugar fantástico,
sus hijos corren y juegan de un lugar a otro con sus abuelos en su jardín
encantado y colorín y colorado este cuento se ha acabado.



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